
En ocasiones específicas te he pedido Padre, no permitas que te falle. Si necesitas llamar mi atención de alguna forma, hazlo, pero no dejes que cometa una gran equivocación en mi vida.
Muchas veces tropecé y pregunte ¿por qué?... Hoy al resbalar, me golpee y me dolió, y en seguida pensé que si no hubiese sido golpe, sino caída, hubiera sido grave por la posición en la que estaba.
Esto me dejo pensando cuantas veces Padre, me libraste de caer, y en lugar de eso tuve un golpe. Me dolió y muchas veces renegué, me enoje, no entendía. Pero ahora te agradezco, porque me has librado de tantas caídas! Algunas muy graves...
Entiendo que tienes el control de mi vida y no me dejaras caer, si te sigo.
No me dejaras caer, si te obedezco.
No me dejaras caer, si aprendo a que se haga tu voluntad y no la mía.
Aunque ahora no entienda el porqué de las cosas, porque sucede lo contrario a lo que esperaba y aparentemente sería algo bueno. Sé que quieres lo mejor para mí, y aunque me cuesta, no entienda, me duela, llore y me enoje. ¡No me dejes caer! Si me haces entender que ese resultado viene de ti. Sabré aceptarlo.
¡Hágase tu voluntad y no la mía!
Eclesiastés 3: 11, 14, 15
Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.
He entendido que todo lo que Dios hace es perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.
Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que paso.
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